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Los lectores imaginarios

 

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Se vendieron libros como si no hubiera crisis, como si la lectura fuera un gran hábito entre los chilenos. Pero una encuesta reciente indica que solo un tercio de las personas está leyendo algo y que la gran esperanza está en las nuevas bibliotecas. Según el gremio editorial  “falta voluntad política” para tomar las decisiones clave y en la práctica los avances son mucho más tímidos que las cuentas alegres.

 

Por Felipe Saleh

 

Aunque la sensación de fiesta sigue en el aire, apenas se apagaron las luces quedó al descubierto la realidad. En cifras, la 28ª Feria del Libro de Santiago suena tan bien como los resultados macroeconómicos que distinguen a Chile en el continente. De 13 días se amplió a 17, gracias a lo cual las editoriales aumentaron sus ventas. Hasta un 25% en el caso de Alfaguara. En total hubo 800 sellos repartidos en la Estación Mapocho, trasformada en un febril pabellón que tuvo una oferta de 370 actividades. Desde conciertos gratuitos de pachanga a reflexiones en torno a la democratización urgente del país. Más de 50 escritores extranjeros,  junto con las estrellas nacionales, estuvieron disponibles para los autógrafos de rigor. “Vendimos muchos libros a pesar de la crisis y la inflación. Creo que supimos hacer clic en las necesidades de la gente”, dice Eduardo Castillo, quien por más de una década ha estado a la cabeza de la Cámara Chilena del Libro.
   
Impuestos y abulia

Pero  una encuesta publicada hace menos de una semana, hecha  por Fundación  La Fuente y Adimark, demuestra que la realidad en torno a la lectura en Chile es bastante menos estimulante. “Chile y los libros” fue un estudio que se hizo en junio de este año, entre poco más de mil personas de todos los estratos sociales. Casi la mitad (49,2%) confiesa que no lee nunca y la otra mitad, que si tiene el hábito, ya sea frecuente u ocasional (50,2%) con suerte suma seis libros al año. Paralelamente el 70% de las personas encuestadas admitió que no estaba leyendo ningún libro al momento de ser incluidos en la muestra. Un porcentaje similar (74,1%) contesta que jamás compra libros.

El problema es mundial pero en Chile tiene quistes que lo hacen más nocivo. El 70% de los libros disponibles son importados. Los libreros calculan que los costos han subido a la par del dólar, es decir cerca de un 30 por ciento.

Mientras, en Colombia, el invitado de honor a la feria y al que podemos igualarnos en términos de mercado, “las librerías dejaron de pagar impuestos”, asegura Eduardo Castillo. En España existe la ley del precio único para los libros y en México la misma medida se aplica desde abril de este año.  Aquí en Chile el IVA no se ha movido de donde está hace 31 años. “Es irreal pedir que se rebaje, no hay voluntad política. Tampoco es la varita mágica, pero un 19% es una cantidad muy importante. Se necesitan medidas integrales. Una campaña de tres meses por televisión para incentivar la lectura es como una cucharada de azúcar en la piscina”, dice Castillo.
   
Las bibliotecas estrella

Según dice el dirigente gremial, a pesar de todo las relaciones con el gobierno “son buenas”. En las últimas semanas la Cámara ha estado asesorando “ad honorem”, según dicen,  a la delegación chilena que será invitada de honor en la próxima Feria del Libro de La Habana, programada para febrero de 2009.

Entre el gremio y la Dirección de Bibliotecas Archivos y Museos (DIBAM) que dirige Nivia Palma, antigua ejecutiva de la organización, se ha dado una sociedad muy productiva levantando una red de bibliotecas a modo de “agentes de cultura cercanos,  donde llegue toda la familia”, como las define Castillo. Principalmente en las comunas periféricas. A esta política se agrega  el proyecto insignia: el Maletín Literario. Según la encuesta Adimark un 80% de las personas evalúa esta iniciativa muy positivamente como una forma de acercar los libros a los niños, aunque sólo un 40% reconoció estar al tanto de la oferta de títulos.

Eduardo  Castillo  destaca el ejemplo de Bibliometro como prueba irrefutable de que “el libro tiene que ir a la gente”.  Por su parte,  la Biblioteca de Santiago, en Matucana, representa  la reorientación que la Dibam  quiere dar a estos lugares como espacios públicos. Paralelamente, la Fundación La Fuente que encomendó el estudio, y  en la que entre otros participan Fernando Léniz, Andrés Navarro y José Joaquín Brunner, ha implementado el proyecto  “Biblioteca Viva” junto a las 9 sedes de los Mall Plaza, generando enclaves de acercamiento a los libros en lugares de esparcimiento masivo.

Sin luminarias

La relación entre la Cámara y los ministerios, (Educación y Cultura) es fluida gracias a que  los libreros se encargan de renovar los catálogos de las bibliotecas públicas y los textos escolares, pero se vuelve tirante cuando se trata de optimizar la cadena de distribución, que podría abaratar los costos y contribuir a generar hábito. Desde el Estado no  hay mayores exenciones. La Feria se financia con tres fuentes: lo que pagan los expositores, las entradas y las ventas. También es irreal pensar en entradas gratis para el próximo año. “La estación tenemos que arrendarla como cualquier hijo de vecino y no es barato, los auspicios están cada día más difíciles”, se queja Castillo.

Su cultura no es la de la queja, asegura. El ejecutivo se  ha reconvertido  hacia la resignación. Cuando la pregunta es por qué la única gran “estrella” que vino a la feria fue  Alfredo Bryce Echenique, quien llegó precedido de acusaciones de plagio, la respuesta es “casi todos los grandes de nuestra lengua han venido a la feria en lo 28 años que tiene. Además, este no es un festival de estrellas. Simplemente es el mercado que tenemos, lejos de Buenos Aires y México”.

Fuente: Diario El Mostrador

Fecha: 18 de noviembre de 2008

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CHILE Y LOS LIBROS 2008: INVITACIÓN

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